miércoles, 20 de mayo de 2015

CALI, EL DESTINO PARAÍSO DE LOS DESPLAZADOS

El contador del número de víctimas del conflicto armado en Colombia va creciendo cada segundo. Hasta el momento se han registrado 7.392.679, de las cuales Cali se queda con  una buena tajada.
Según estadísticas de la Unidad de Víctimas,  ‘La Sucursal del Cielo’ recibió 16.534 declaraciones de personas que salieron de sus tierras por  actos terroristas, amenazas, homicidios, torturas, secuestro u otras razones, y llegan en busca de una tierra prometida que está a punto de estallar.

Como si se tratara de una enorme colmena, donde la miel abunda, a Cali están llegando  en promedio 25 familias todos los días que se declaran  víctimas. Más o menos cada núcleo familiar está conformado por 5 personas, lo que nos revela una preocupante cifra: Cali recibe a diario 150 personas, en promedio,  que llegan  con una mano adelante y la otra atrás y en busca de ayuda humanitario a económica.

“Tanto va el cántaro al agua hasta que al fin se rompe”, dice un viejo refrán y es precisamente el que más se ajusta a la situación que está viviendo la ciudad con el tema del desplazamiento. Según Felipe Montoya, asesor de paz, solamente con el tema de los Embera Katío que estaban en El Calvario, el Municipio tuvo que desembolsar más de $2.000 millones para cubrir el tema de la salud. Los recursos iniciales para atender a la población desplazada salen del ‘bolsillo’ del municipio, dinero que se deja de invertir en otras necesidades básicas de la ciudadanía.

“El hecho de que seamos un municipio grande  no quiere decir que seamos ricos. El conflicto armado es un conflicto nacional y es el Gobierno nacional quien debe responder por las necesidades. La ciudad no tiene los recursos para mantener a tanta gente”, aseguró el funcionario. Pese a las ayudas que las personas en situación de desplazamiento reciben por ley, muchas de ellas creen que al llegar a Cali van a coger el cielo con las manos, pero luego se estrellan con una dura realidad.

“Llegué de Barbacoas (Nariño) con mis 7 hijos y sola. Recibí un subsidio de arrendamiento, pero eso no me alcanza, así que me tocó irme para  una invasión. En mi tierra salía a pescar y tenía la comida, acá me toca ‘matarme’ vendiendo chontaduro para darle a mis hijos aunque sea arroz. Si hubiera sabido que acá la cosa es tan jodida, me habría  ido para otra parte”, fue el testimonio de Olga, una afrodescendiente campesina a  quien la ciudad se la ‘devoró’. 

Entonces, ¿por qué se vienen para Cali?  Felipe Montoya da una explicación clara del porqué Cali será (más bien ya lo es), la capital del posconflicto y no es sólo cuestión de cercanía geográfica con las llamadas zonas rojas. “Esta es una de las plazas que más ayuda les da a los desplazados y respondemos de manera inmediata. Por ley entregamos  bonos de ayuda humanitaria de $40.000 de aseo y $60.000 de alimentación por persona. Si además llega sin nada y sin una red de apoyo, les damos un bono de mantenimiento de $300.000 y además tenemos una casa de paso que los acoge y les asegura la comida y otros beneficios... la gente se viene atraída por eso”, aseguró Montoya.

Lo increíble es que la gran mayoría llega con la información clara,  saben a dónde ir,  saben qué bonos les van a dar, los papeles que deben presentar y siempre le exigen a la ciudad unas condiciones de dignidad que son difíciles de cumplir. Es mucho el ‘vivaracho’ que se aprovecha. “La otra vez llegaron más de 100 personas de Chocó,  recibieron los bonos y luego  se montaron en un bus y se fueron... ¡le  sacaron a la ciudad $10 millones  en un día!”, dijo el Asesor de Paz.

Para Gustavo Rengifo, profesional de apoyo de la Alcaldía, esta ciudad está a punto de colapsar.
“Muchos se vienen para acá  porque ya tienen a algún familiar y buscan reunificación. Según los cálculos el número de desplazados que va a llegar a Cali este año se va a incrementar entre un 15% y 20%”, aseguró Rengifo.


Para nadie es un secreto que la entrega de viviendas gratuitas brilla como oro a kilómetros de distancia y todos quieren reclamar su botín. “Soy caleño raizal y toda la vida he sido pobre. Pago mis impuestos y  servicios públicos y es injusto que llegue alguien de Cauca o de Nariño y le den casa en menos de un año, en cambio a uno no le ayudan en nada”, aseguró Floresmiro Marín, quien lleva toda la vida anhelando tener un techo propio. Un ejemplo claro de esta situación es Valleverde, donde el 80% de sus habitantes son personas desplazadas. Hasta el momento el ‘Plan Jarillón’ ha reasentado a 3.972 habitantes, la gran mayoría provenientes de otros departamentos.

No todos son malos.
Pese a que la gran mayoría queda con un sabor amargo ante el tema de los ‘nuevos visitantes’, la realidad de estas personas es triste y complicada.“Salí de Padilla, Cauca, porque mi marido se metió en problemas y como no quise guardarle un maletín que estaba lleno de armas, él mismo me iba a matar al niño”, es el testimonio de una mujer de 40 años, que hoy está refugiada en el hogar de paso que ofrece la Asesoría de Paz. Ella sabe que debe ponerse a trabajar, pero lo único que sabe hacer es criar gallinas.

Una situación parecida vive otra mujer del hogar, quien busca a su marido como si fuera una aguja en medio de un pajar. “Mi marido se vino de Chocó porque lo amenazaron y me dejó con mis 6 hijos, Luego me amenazaron a mi y me vine a buscarlo, solo sé que está en una invasión y que yo tengo que trabajar para salir adelante”. 


Entonces, ¿qué puede hacer la ciudad ante este drama nacional? Felipe Montoya respondió: “El mensaje no es que vamos a cerrar las puertas, lo importante es que la Ley de Víctimas se diseñó desde Bogotá, sin tener en cuenta a los entes territoriales y nos pusieron una cantidad de obligaciones que son difíciles de cumplir”.

jueves, 7 de mayo de 2015

SE ACABÓ EL CALVARIO DE LOS EMBERA



LOS EMBERA KATÍO RETORNARON A SU TIERRA


Los espíritus de sus muertos tenían razón. Ellos debían regresar pronto a su tierra, sino una plaga 
de desolación, pobreza, exterminio y pobreza caería con toda la furia sobre ellos, los 202 Emberas 
Katìo que se asentaron en El Calvario. La primera señal de la tragedia que les venía encima fue la de Estefanía, la pequeña de 4 meses que sucumbió por un espíritu de muerte. Luego vinieron otros indicios que anunciaron el peligro. Muchos se enfermaron de tuberculosis, a otros el chikunguña los picó ferozmente, hubo una menor de edad abusada sexualmente y algunos jóvenes se estaban perdiendo entre el envolvente humo del basuco… se gastaban la plata que les dejaban para comer en esos cigarrillos del diablo. 

Para Esteban Queragama, definitivamente estas eran señales del cielo que le indicaban que los Embera Katío debían volver a su tierra, pero pasaron dos largos años antes de que su destino se cumpliera. Mientras tanto, los caleños vieron a las mujeres indígenas con sus bebés tirados en el suelo pidiendo una moneda para poder comer y también vieron a algunos de los hombres perder el orgullo y la dignidad se ser indígenas mientras mendigaban en un semáforo. 

La comunidad Embera, una de las más grandes en el territorio nacional (hay presencia de ellos en 
17 departamentos) desde hace algunos años se empezó a quebrar y varias familias tomaron la 
decisión, sin el permiso de sus gobernadores, de emigrar a otros territorios inhóspitos para ellos. 
Finalmente, luego de desenrollar una maraña de trabas burocráticas y culturales, las 42 familias  
que estaban casi que exiliadas en Cali recibieron la noticia de que todo estaba dado para que 
retornaran a la verdea Dokabú, en Pueblo Rico, Risaralda, donde los esperaban cerca de 8.000 
Emberas más que habitan el resguardo unificado.

EMPACARON SUS COROTOS Y DIJERON ADIÓS.


El martes en la mañana la loca rutina de El Calvario se vio interrumpida por la presencia de camiones, policías, agentes de tránsito y varios funcionarios públicos con emblemas de la Alcaldía, la Personería y la Unidad de Víctimas. Todo fue un corre corre. En improvisados costales y bolsas plásticas comenzaron a embalar ollas, ropa, zapatos, gallinas y hasta perros. Las mujeres se pusieron su mejor traje. Parecían muñequitas de porcelana, de esas que son bajitas, gorditas, con vestido de falda plisada, con ramitas verdes en sus orejas, diademas de flores en su cabeza y con los cachetes y los labios rojos. Definitivamente era una fiesta.

Los más jóvenes sacaron sus celulares y se hicieron las últimas fotos, para dejar retratada la ciudad que los acogió y en la que aprendieron a hablar mejor el español, a escuchar salsa choke, a comer pandebono con café, a cortarse el pelo al estilo americano y a teñirlo de rubio, y hasta los malos vicios de la calle. Porque acá en Cali aprendieron de todo. “Yo me voy a llevar la antena de Direct Tv porque no me pienso perder las novelas”, relató uno de  los jóvenes Embera, que ya había cambiado sus collares de chaquiras rojas, amarillas y azules, por cadenas y pulseras al mejor estilo blín blín, ese que se impone en la calle. 

Ante la mirada de drogadictos, borrachines, y recicladores de El Calvario, fueron saliendo los costales cargados con los corotos, perros y recuerdos que se acomodaron en cinco buses y cinco 
camiones que los llevarín a su destino. La luna se impuso en el cielo y poco a poco el olor a achiote, humo, y perro mojado se fue extinguiendo de entre los roídos cuartos de los inquilinatos donde residieron durante dos años. Quizás, solo dejaron uno que otro espíritu rondando en la noche.

ARRANCÓ LA CARAVANA. 

El reloj marcaba las 8:30 de la noche cuando la caravana que llevaba a los Embera Katío, a algunos funcionarios y medios de comunicación, empezó un largo viaje de 9 horas por carretera, recorriendo 295 kilómetros hasta internarse en la cordillera occidental del departamento de Risaralda.  “Acá sufrimos mucho, nosotros estábamos acostumbrados a cultivar plátano, yuca, cacao y en la 
ciudad pasamos hambre y enfermedad”, relató Compilia Campo mientras miraba por la ventana del bus El Calvario que dejaría atrás.

La sonrisa en aquellas caras indígenas, pintadas con figuras en tintura negra y roja, comunicaba lo 
que no lograban hacer con su lengua, porque el 70% de los Embera no habla ni entiende bien el 
español. Sus dientes ‘picados’ y negros por el tabaco delataban su felicidad de regresar al resguardo del cual salieron, según ellos, por el conflicto armado, pero todo parece indicar que fue por problemas internos con los Chamì.
Asì lo asegura Mónica Gómez, de la asesoría de paz de Risaralda y quien los conoce muy bien. “Hay problemas de división entre los Embera. La rosca de los Chamì se quedan con las ayudas, los empleos, las cosechas y a los Katío los están dejando a un lado, por eso ellos buscan que hacer. Lamentablemente los que salieron se fueron a mendigar, ya habíamos tenido el caso de 2.000 indígenas que se fueron para Bogotá y estuvieron casi 10 años. En el 2012 hicimos el proceso de retorno, así que los otros imitan el mismo comportamiento, el de la mendicidad”, aseguró la 
funcionaria.

El viaje estuvo tranquilo. Increíblemente los niños no lloraron, como si sintieran la calma que da 
estar en el vientre, en esa tierra que los parió. Las mujeres continuaron maquilladas, con sus labios 
y cachetes rojos a pesar del largo recorrido. “Dios supo que estábamos mal y por eso nos hizo 
regresar. Todas las noches le pedíamos en oraciones que nos hiciera volver”, dijo María Melba  Arce, mientras empuñaba uno de los 7 collares que tenía colgados en el cuello, según ella son símbolo de protección y representan los espíritus de sus ancestros.






Hacía las 4:40 de la mañana del miércoles, la caravana llegó hasta el Puente de la Unión, aquel por 
dónde pasa el río San Juan, ese mismo que cuyo vaivén conduce hasta Chocó. Allí tocó esperar a 
que el sol despuntara para poder iniciar por trocha una caminata de 20 minutos hasta Dokabú, donde los esperaban las autoridades indígenas Embera. 

Irman Ciànaga contó que los gobernadores harían una asamblea, para acomodar a los ‘recién llegados’ y devolverles el pedazo de tierra que habían dejado abandonado sin autorización. “Ellos 
acá tendrán todo lo necesario para volver a empezar y queremos que lo hagan bien, no habrá ningún problema”, aseguró tajantemente mientras sostenía su bastón de mando, ese que lo baña de poder.

Con la luz del sol rápidamente se iluminó la tierra prometida. Un extenso Valle enmarcado por la cordillera occidental, donde todo se mueve al ritmo del río y donde se escucha claramente el 
cantar de la naturaleza. Al lado de una escuela fue el descargue del ‘chivo’ de los Embera y también los esperaba una comisión de la Unidad de reparación de Víctimas con remesa y enseres. Las 42 familias serían ubicadas temporalmente en casas de sus familiares, mientras les construyen 
42 casas nuevas donde ellos deben volver a empezar. 

El encuentro no fue de jolgorio. Los ya asentados bajaron de la montaña a ayudar con el trasteo a 
lomo de mula, en motocarros y en canastos. Arnoldo Queraca Matumay, salió de 17 años de su 
tierra con conocimientos en agricultura y llegó dos años más viejo, con dos hijos, hablando español, aprendió a manejar el celular y hasta a pegar zapatos. Los bebés que nacieron en Cali no 
aprendieron a caminar sobre el pasto verde, sino que aprendieron a hacerlo esquivando los carros y las carretillas, esas que son el pan de cada día de El Calvario. No hay duda de los que regresaron 
a Pueblo Rico son Embera Katío, pero ya no son los mismos.

Hacía el medio día la caravana que los acompañó desde Cali se despidió. El retorno de los Embera 
Katío fue todo un éxito y un dolor de cabeza menos para la ciudad que recibe casi 17.000 desplazados por año. Los 202 Embera que marcaron un episodio de la historia de Cali, se fueron perdiendo entre la espesura de la montaña con sus trajes de colores, sus costales y hablando su lengua katío. Se alejaron no sin dejar esa sonrisa, esa que se escondía tras la sombra de El Calvario.

*Nota publicada en el periódico Qhubo
Fotos: Giancarlo Manzano











martes, 28 de abril de 2015

LOS PINTORES DE LA PAZ DE SILOÉ

SILOÉ PINTA DE BLANCO LA PAZ

Un combo de pintores tiene la osadía de pasar de  un sector a otro de siloé armados SOLAMENTE con rodillos y brochas. Su objetivo es colorear de blanco las fachadas para plasmar un mensaje de paz.

Cada brochazo  es como un grito ahogado, uno de esos que quiere ser escuchado con desespero, pero que se queda perdido entre uno de los tantos caminos torcidos de la loma. Cada gota de pintura espesa que  cae sobre el asfalto representa  el sudor  de los primeros arrieros que poblaron Siloé hace más de 90 años, y de la gente que todavía  saca pecho cuando dice: “Yo amo a Siloé”, frase que está plasmada en uno de sus muros.

Esta es una de las tantas historias que se dan en la ladera,  esa que toca trepar loma arriba entre callejones retorcidos y laberintos de concreto. Allí, jóvenes y otros un poco más canosos,  con brocha y rodillo en mano pelean a diario su propia lucha, esa que consiste  en pintar a Siloé de color blanco... del color de la paz.

“El blanco representa  pureza, tranquilidad, serenidad, es música para el alma”, dice Miguel Ángel García  mientras pinta una fachada del sector   Las Minas, allá donde la vista de Cali es de tipo postal.
Todo esto de colorear  a Siloé de blanco comenzó con la llegada del ‘Doctor Alemán’, la película que se filmó en el 2007. “Primero se pintaron las fachadas de La Estrella, La Mina y  el Mirador que era los sitios donde iban a grabar. Fue entonces cuando la Fundación Sidoc y la misma comunidad decidieron intervenir todo Siloé, darle un nuevo sentir al sector  y transmitir el mensaje de que somos más los buenos que los malos”, comentó Miguel.
Brochas que le ponen color a las fronteras  invisibles.  Nadie dijo que iba a se fácil  pasar de un sector a otro solamente armados con tarros, rodillos y pinturas. Esta era una idea que muchos tildaban de  suicida. Sin embargo la Fundación Sidoc le apostó a este proyecto social llamado ‘Pintatón’, con el cual además de resignificar la comuna al pintarla de paz, tiene como objetivo vincular a los jóvenes de los diferentes sectores, quienes se matan por una guerra cuya base es la intolerancia y el microtráfico.

Jorge Villaquirán sabe bien de eso. Él tiene 44 años y  siempre ha vivido en La Playboy y en La Mina, ambos sectores de Siloé. Villaquirán, junto a Miguel Ángel, son los coordinadores del grupo de 40  pintores que decidieron cambiar las armas y las drogas por el trabajo  comunitario, que se cansaron de ver sangre derramada y  ahora prefieren derramar el color de la paz sobre las descascaradas fachadas.

“Han habido contratiempos por meterse a otros sectores, pero uno va llegando pintando y va pasando la tal frontera invisible”, aseguró Jorge. Miguel tiene claro que no se trata de pintar por pintar, sino de llevar  un mensaje de cambio. “No es fácil llegar a algunos sectores, pero nos hemos convertido en testimonio para muchos ‘pelaos’ de los combos de que hay otra opción distinta al conflicto. La gente abajo ve la loma pintada de blanco, pero no sabe  todos los procesos de cambio que estamos realizando, la estigmatización es la que nos está matando”, aseguró este líder, cuyo sueño es estudiar trabajo social.

De las pandillas a la ‘Pintatón’.  Darwin Campo tiene 25 años y luego de muchos años de pertenecer a una pandilla, ahora se da el lujo de ‘patinar’ (andar) entre un sector y otro sin sentir miedo de perder la vida. “Yo me gané el respeto de la gente de la loma y ahora soy orgullosamente un pintor de la paz. De las pandillas no queda nada bueno, solo cicatrices (muestra la que le dejó un proyectil en el pecho) y perdición. Ahora estoy mucho mejor, no le debo nada a nadie”, aseguró este joven mientras daba brochazos en el sector conocido como Las Llantas, adonde años atrás no se imaginó que podía  llegar, pues vivía preso en su propio sector.

“La gente  ha respondido muy bien. Algunos tenían su fachada muy feita y se ponen contentos cuando se las dejamos luminosa”, aseguró Luigy García, uno de los trabajadores de la ‘Pintatón’.
Para este parche de 40 expertos en las labores de la brocha y el rodillo, ya no  importa si el compañero viene de Lleras, Tierra blanca o de Los Tanques. Aquí lo único que interesa es que todos tienen su cara y su ropa salpicada del color de la paz, y este es el ‘tatuaje’ que los identifica como miembros del parche de la ‘Pintatón’, ese que quiere ver a Siloé bonito y sin guerra.

  • 4.100 fachadas se han pintado en los diferente sectores de Siloé desde que comenzó la ‘Pintatón’
  • 130.00 pesos semanales se les paga a los jóvenes por su trabajo como pintores de fachadas.
  • 2007  comenzó el proyecto de la ‘Pintatón’ gracias a la filmación de la película ‘Doctor Alemán’.
  • miércoles, 25 de marzo de 2015

    EL SHOPPING DE LOS CACHIVACHES

    EL MERCADO DE LA CHATARRA


    ¡Todo barato, todo barato y hasta yo también me vendo!”, dice la canción de 'Ric y su Conjunto Sasón', pero esta frase es una de las más repetidas en uno de los comercios más inusuales y tradicionales de la ciudad: el mercado de las pulgas del Centro. Los domingos y los lunes festivos el barrio Sucre se llena de expertos cachivacheros, patrones de la chatarra y reyes del segundazo que complacen  con sus mercancías a los más avezados clientes.

    “Si necesita novia acá se la venden, y si no la tienen como usted la busca se la consiguen”, dijo entre carcajadas Enrique, quien andaba buscando un repuesto.  “Uno de aquí  no se va con las manos vacías, algo se lleva”, remató este comprador. Y está en lo cierto. En el ‘shopping’ de Sucre, que se extiende por la Carrera  9 y 10 entre Calles 16 a la 18, se pueden conseguir repuestos de vehículos y máquinas, ropa y zapatos de segunda en buen estado, toda clase de antigüedades, cargadores para celular, cables de todo tipo, electrodomésticos, juguetes, relojes, pelucas y hasta gafas con aumento.

     “La ‘merca’  se la compramos a los recicladores o uno mismo la busca y la repara. Yo tengo hasta réplicas de cuadros famosos a precio de huevo”, dijo Alexis Betancourth, quien lleva en el negocio  del mercado de pulgas más de ocho años. Esta plaza, que sólo funciona los fines de semana, puede ser bastante lucrativa. “En un día bueno uno se puede vender hasta $150.000,  eso sí, toca guerriarla”, dijo Francisco Montes quien vende zapatos de todos los estilos y prendas de vestir que van desde los  $500.

    A estos maestros del cambalache les toca  llegar antes de las 5:00 a.m. para asegurar su puesto en la calle, luego extienden un plástico o cartones sobre los andenes y empiezan a subastar sus tesoros al mejor postor. 


    ¿No lo quiere?, ¡se lo compro!

     Muñecas con el pelo chamuscado, cepillos para embolar zapatos, partes de motocicletas, monedas extranjeras, botellas de licor vacías, pedazos de pvc, trofeos, llaves,  tuercas oxidadas,  toda clase de losa, lámparas  de kerosene, y hasta escapularios son exhibidos. Usted se preguntará ¿quién compra una alcancía rota?, pues le puedo asegurar que hay clientes para todo.

    “La mejor compra que he hecho fue la de un portátil en  $100.000, y otro día compré una tortuga morrocoy en $7.000, me la llevé porque me dio pesar verla tirada en la calle y con calor, y ahora es mi mascota”, dijo Juan Carlos Erazo, quien visita el ‘shopping’ cada 8 días en busca de tesoros y ya tiene el olfato afinado para los gangazos. 

    Entre  cascos industriales, fajas reductoras, pedazos de manguera, destornilladores, espátulas y ruedas de juguetes, Elmer de Jesús Villegas busca un radio pero ya lleva en la mano un vaso de licuadora que  compró en 4.000 pesos. “Acá todo es más económico y lo mejor es que se encuentran cosas  que no venden en ninguna otra parte”, aseguró Elmer, quien cada ocho días  llega al Centro  con 10.000 pesos en el bolsillo y se lleva un canasto lleno de cacharros. 

    En medio de la algarabía, se nota que la vida en Sucre no es fácil, ni siquiera para alguien como Wilson Rodríguez, que se conoce todos los metederos de estas calles. “Me robaron mi carreta llena de chatarra, me confié y paila”, dijo mientras nos enseñaba el denuncio que interpuso. Y es que con la ‘fuma’ en la que Wilson mantiene a diario,  no se puede quejar porque la suerte también le ha sonreído. “La otra vez recogí un jacuzzi y lo vendí en $50.000”, comentó entre risas. 

    Tarots, crucifijos, televisores, abanicos, y hasta cortauñas viejos hacen parte de esta colección, una mina deseable para los cazadores de tesoros.

    Rebuscadores de sueños
    “Hoy vendo chicles, mañana lapiceros y si el cielo me da limones pues vendo limonada”, dice con el encanto paisa Richard (foto izquierda) quien busca un plante de chatarra para montar su propio negocio. Por su lado Martha y Katherin (foto derecha) son madre e hija y todos los fines de semana bajan desde Siloé en busca de un ingreso extra para el sustento de su familia.

    *Nota publicada en el periódico Q'hubo.
    Fotos: Wirman Ríos/Q'hubo


    • Muchos de los vendedores de la zona son habitantes de la calle que buscan ganarse la vida dignamente.
    • A este mercado de pulgas llega gente de todos los estratos sociales a comprar. También venden mercancía nueva.


    viernes, 20 de marzo de 2015

    UN SOBREVIVIENTE DE LA BOMBA ATÓMICA EN CALI

    EL SOBREVIVIENTE DE HIROSHIMA


    En el verano del 6 agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana, el día del juicio final cayó en Hiroshima, Japón. Fue una inmensa bola de fuego que alzó una nube con forma de hongo que arrasó todo aliento de vida y fulminó la esperanza. Fue el primer ataque nuclear ordenado por el gobierno de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial y que dejó en esta ciudad del oeste de Japón un desierto cubierto de cenizas,  carente del soplo de   vida.

     Pero, cuando parecía que nada podría sobrevivir en esta sequía de esperanza, en la primavera de 1946 brotaron semillas de algunos árboles que se abrieron camino entre las enredadas y carbonizadas raíces. Nacieron árboles, los sobrevivientes de Hiroshima. Pero, ¿qué tiene que ver Hiroshima, un árbol, un ruso y Cali?

    Una historia de vida. 
    Vladimir Rouvinski es ruso y llegó a Cali en 1997. “Vine movido por el amor, porque a mi esposa la llamaron para trabajar  en la Universidad del Valle y obviamente me vine  detrás de ella”.  Vladimir es amable, excelente conversador y con un sentido del  humor muy fino. Actualmente es el director del  Centro de Estudios Interdisciplinarios Cies de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Icesi,  y se siente tan caleño que ya dice “mira vé”. “Vivo feliz en Cali, aquí es como un eterno verano y la gente es muy alegre”, aseguró.

    Este ruso es la conexión entre Cali e Hiroshima, pues fue el portador de las semillas que simbolizan  la vida y que hoy están plantadas representando la vida. 
    “En el 2001 me gané una beca  para estudiar una maestría en Japón. “En Hisroshima todavía se ven muchas secuelas de la bomba atómica. Es una ciudad  atípica porque la tuvieron que reconstruir desde cero y en las calles uno se encuentra a   sobrevivientes  con deformaciones físicas y otros que nacieron con  malformaciones por los efectos de la radiación”.

    Según Vladimir, en esta ciudad de Japón huele, se siente y se palpa  el miedo, a pesar de los esfuerzos por salir adelante. “Cuando estas semillas brotaron de  la tierra,  para los japoneses fue un  símbolo fuertísimo, de que la vida sí es posible donde ellos creyeron que jamás renacería algo y entendieron que a pesar del desastre la vida continúa”, aseguró

    Y llegó el alcanforero. 
    Estas semillas pronto se convirtieron en árboles y los residentes las guardaron  como el tesoro más valioso. “Cuando llegaron las Naciones Unidas se pensó en distribuir todo el conocimiento sobre lo que pasó, y  se creó la iniciativa  ‘Green Legacy Hiroshima’, que consiste  en sembrar  estas semillas por el mundo”, puntualizó el profesor.

     Actualmente hay árboles plantados en Argentina, Chile, Rusia y en Cali, gracias a que  justo cuando las repartieron Vladimir estaba en Japón... de ahí la conexión. 
    “La semilla la planté en mi casa, la cuidé mucho, porque no es fácil de que sobrevivan en otro hábitat y hace un año y medio decidí entregarlo a la Universidad Icesi como símbolo del respeto a la vida, a la esperanza y del perdón”, dijo Vladimir.




    Hoy, el Alcanforero tiene tres años de edad, pero su expectativa de vida es de 700 años. Mide 2 metros con 50 centímetros, pero puede alcanzar 20 metros de altura, es todo un titán de la vida.
     “En un país con tanto conflicto, este árbol tiene un mensaje fuerte, de sobrevivir en medio de las cenizas”.

    *Nota publicada en el Periódico Q'hubo
    Fotos: Giancarlo Manzano/Q'hubo

    martes, 24 de febrero de 2015

    UN CEMENTERIO PARA ÁNGELES CON PATAS

    TUMBAS PARA MASCOTAS

    'Simona’ estuvo en el mundo de los vivos durante 13 años, tiempo en el que  corrió, jugó y hasta lloró las tristezas de sus ‘papás’ humanos. Quizás por ser una amiga fiel o por ser como dice en su obituario,  “la líder beta de nuestra manada”, se mereció una tumba y una lápida. Se ganó el ser llorada durante su entierro.

      ‘Bonnie’, ‘Matías’, ‘Lucky’, ‘Shigetoshi’, ‘Kimora’ y más de 100 perros, gatos y hasta conejos reposan en ‘Tierra de mascotas’ un cementerio para despedir a los amigos peludos con honores.

    A Yuli Enríquez se le vino la idea a la cabeza, al ver en un programa extranjero un camposanto para animales, y desde hace un año sacó este proyecto adelante que funciona  en el km.  7 vía a Río Claro en Potrerito, Jamundí.

    “La gente llora a sus animalitos, les gusta hacer el duelo,  visitarlos y arreglar la tumba. El servicio que ofrecemos es completo. Lo metemos en un ataúd de  cartón   decorado, tenemos  una sala de despedidas  y luego se sepulta”, contó Yuli.

    El primer servicio que prestaron fue un 31 de diciembre, día en el que ‘Katia’ decidió dejar su vida terrenal. “La familia estaba muy dolida, pero al ver que el cuerpo de su amada quedaba  en un buen sitio, se calmaron. Esto más  que un cementerio es un mausoleo, es la manera de lograr que su mascota no sea olvida”, dijo esta contadora de profesión, pero animalista por convicción.
    Historias de amor y muerte. ¿Será que todos los perros van al cielo? Yuli cree que sí y que además los animales tienen alma.

    “Una vez tuvimos un entierro en la noche y los dueños tomaron fotos, cabe aclarar que en ‘Tierra de mascotas’ no hay bombillos ni luces. Al ver las imágenes en una  se observa un cuerpo brillante, una luz. No había forma de que fuera algo externo, esa era el alma de la mascota”, aseguró Yuli.

     Y es que cada vez que un animalito  fallece hay presencia de ellos, queda evidencia de su energía. “Acá entró un perrito y pasó por cada una de las hileras de las tumbas... de inmediato se empezaron a mover las figuras y los ringletes y no estaba venteando”, recalcó.

    ‘Tierra de mascotas’ es un espacio donde se conjugan la vida y la muerte. Mientras se observan las lápidas con mensajes de despedida, se puede escuchar el canto de los pájaros o ver una  ardilla trepando un árbol. Es un sitio donde se respira paz y tranquilidad, esa misma que seguramente ‘Balú’, ‘Messi’ o ‘Yordi’ transmitieron en vida.









    “Unos rezan, otros lloran y algunos simplemente agradecen a sus mascotas por su amor incondicional, por eso los entierran dignamente”, finalizó Yuli.

    martes, 17 de febrero de 2015

    HASTA PRONTO FIGO

    EL ADIÓS A UN AMIGO


    Hace semanas estuve pensando en cómo empezar a escribir tu carta de despedida. Comencé  a pensar en tu partida desde algún tiempo, lo confienzo, porque noté que tu vitalidad mermaba.
     
    También llegué a pénsar en cómo sería nuestro última día juntos... lo soñé con muchos helados, pasteles, besos en tu carita (aunque no te gustaban los besos), con muchas fotos y acariciando por horas tu lomo. Creí que sería romántico, como en las películas que veíamos juntos (o que yo veía mientras tu dormías), pero nada fue así.
     
    Tal vez las palabras no serán suficientes para describir lo inmensamente feliz que me hiciste. Quizás mi memoria falle y no podré dibujar nuevamente los momentos compartidos contigo, mi gran amigo.
     
    Creo que bastará con decir que gracias a ti conocí el amor incondicional, ese que tu me dabas. Gracias a ti pude comprender  y experimentar en carne propia, que a un animal se le puede llegar a amar tanto como otro miembro de la familia, porque en mi casa nunca fuiste un perro, fuiste Figo, el señor Figo.
     
    Nos faltaron muchas cosas por hacer y aprender juntos. Nos faltó superar el miedo a los locos, el cual se incrementó ese día que uno  te pegó una patada y yo quedé inmovil, sin poder decir o hacer nada...creo que tu en vez de miedo les cogsite 'la mala'. Nos faltó buscarte la novia ideal, me empeñé en buscarte perras de tu misma raza, cuando en realidad tu viviste eternamente enamorado de 'Wanda', esa french puddle que ni siquiera te daba la hora y te volteba la cola, pero tú decidiste serle fiel hasta el día de tu muerte, porque eso si... fuiste más fiel que cualquier humano que hubiera conocido. Minnie tal vez llegó tarde a tu vida.
     
    Nos faltó ir más a rio, ir más a la ciclovía y comer más helados, me faltó llevarte a la playa., a caminatas nocturnas y a pasear en carro.
     
    Extrañaré tus ronquidos, extrañare ese golpe que me despertaba asustada cuando te subías a la cama y te adueñabas de mi almohada. Extrañaré llegar en las noches y recibir tus lambetazos en mi cara, te extrañaré todo, completico.
     
    Gracias por hacer de estos últimos 12 años los mejores. Nunca me hablaste, pero bastaba una mirada para conectarnos y adivinar tus caprichos. Bastaba una mirada para que entendieras que estaba triste y sin tener que decirtelo te hacías a mi lado, con eso bastaba para devolmerme la felicidad.

    Tal vez muchas no lleguen a comprender la conexión que tú y yo teníamos. Dos días antes de tu muerte te miré fijamente a los ojos y te pedí que me dieras una señal. Estabas muy enfermo y én medio de mi egoísmo humano, ese que tu nunca conociste, no era capaz de sacrificarte. Te pedí encarecidamente que si era tu hora que te feras solo y así lo hiciste, esa fue tu última muestra de amor incondicional. 
     
    Amigo de mi alma, espero haberte hecho feliz y solo lamento que nuestro último día no fuera como lo soñé.
     
    Quiero que todo el mundo sepa que fuiste el mejor perro del mundo y que tuve la fortuna de que me escogieras para hacer parte de tu vida.
    Gracias Figo, te extraño putamente.